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Bienvenido seas, año nuevo.

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Año nuevo, vida nueva…

¡Cuántas veces he oído esta frase! Qué pocas he reparado en el significado de la misma.

Este año que acaba de terminar me ha tocado de lleno.  He volado rumbo a lo desconocido y me he topado con una “Vida Nueva”. Así es.

Creemos que nunca estamos preparados para los cambios, pero cuando llega una etapa difícil en tu vida, o la afrontas, o la afrontas, no queda otra.

Y así, desde comienzos de 2018, mi vida está de mudanza. ¿Pues no he hablado en anteriores ocasiones de RESILIENCIA?… Experimentarla, si cabe, me ha hecho más consciente de mi capacidad de afrontamiento, aunque haya habido ocasiones en las que creía que ya no podría soportar más…

Como cualquier persona, como cualquier mujer, como cualquier madre, como cualquier hija, como cualquier hermana, como cualquier amiga… he sufrido, he sentido dolor, he necesitado parar, tomar aire, y mirar al horizonte (que no al futuro) para poder coger perspectiva.

2018 ha sido un año importante para mí, en el que he aprendido a dedicarme mis momentos de reflexión, en el que he conseguido colocar e integrar cuestiones personales, en el que he experimentado un importante desarrollo como persona y también como profesional.

TAmbién ha sido un año de crecimiento, que sólo ha sido posible gracias a los cambios. Porque solo de esta manera, experimentando nuevas sensaciones, conseguimos evolucionar. Solo así podemos comprobar si queremos quedarnos donde estamos o si queremos movernos hacia otro lugar.

Todos los cambios dan vértigo, a veces incluso miedo, pero suponen una evolución. Pensar en ellos nos paraliza, porque no alcanzamos a ver las consecuencias que van a tener. ¿Qué tal si en lugar de centrar la atención en lo que puede o no pasar, nos centramos en lo que está sucediendo en el momento presente?, y nos hacemos preguntas del estilo: “¿cómo puedo afrontar el día de hoy, con el mayor equilibrio posible, que me permita estar bien conmigo misma? Mañana ya se verá”.

Dar ese paso, ya es un gran paso. Y así van sucediendo los días, las semanas, los meses, hasta que te das cuenta, de que ya no duele tanto como al principio.

Posicionarnos en el futuro siempre genera incertidumbre, y ésta a su vez origina ansiedad. Por el contrario, viajar mental y emocionalmente al pasado genera melancolía, por lo que fue… Por tanto, ubicarnos en este momento, aquí y ahora, es más saludable, produce mayor sensación de sosiego, de control de la situación; al mismo tiempo que permite ir elaborando las vivencias, para poder integrarlas de una manera gradual.

Así que, si el aprendizaje sólo se da con la práctica, practiquemos, en el año nuevo, todo esto que estamos descubriendo.

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Gracias por compartir.

Olivia de Prado

 

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