Olivia de Prado

“soplando nubes grises”

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Cuando estamos buscando un hijo, y éste no llega, ponemos todos nuestros sentidos en esa búsqueda, apartando la mirada del resto de las cosas que HOY forman parte de nuestra vida, y perdiendo la perspectiva del momento presente. Yo también lo hice, por eso, mirando atrás y hablando desde la experiencia, quiero dedicarte estas palabras.

No permitas que se te escape el día de hoy, pensando en un futuro que tal vez llegue o tal vez no.

La maternidad es indescriptible, con sus cosas buenas, y las no tan buenas.

¿Por qué no hablar abiertamente de todo ello?, ¿por qué no expresar lo que verdaderamente siento y pienso?, que no sea por miedo a las críticas. Hace tiempo que dejó de importarme lo que los demás opinasen de mí, y he hecho un gran descubrimiento, es muy sanador no vivir en un juicio constante, hacia los demás y por parte de los demás.

Soy persona, soy mujer y también soy madre, una cosa no excluye a la otra.

De vez en cuando escucho a todo volumen la canción de Alaska “¿A quién le importa lo que yo haga?” ( muy de mi época), y la canto y la bailo a lo loco por el salón de mi casa, en esos momentos que son solo míos y que, aunque sean pocos, saben a gloria bendita. Esos ratitos que ahora son los menos, los tengo que potenciar, como el limón hace con el sabor de algunos alimentos.

Por eso quiero decirte, compañera de viaje, que ahora que dispones de esos instantes únicos e irrepetibles, tan envidiados por mí, los exprimas al máximo potenciando todo su sabor, hazlos verdaderamente tuyos.

Cuanto echo de menos…

…tener mis ratos para mí sola, para hacer mis cosas o incluso para no hacer nada… ahora son cada vez más escasos.

…el silencio absoluto. Ese silencio que me llena de energía. Ahora tengo que hacer verdaderos esfuerzos para encontrarlo, pero a veces lo consigo.

…una larga ducha, sin tener la oreja pegada a la mampara, por si está pasando algo por ahí fuera.

no tener prisa por llegar a casa, esa calma sin “horarios”, sin “rutinas”, sin “obligaciones” .

no sentirme culpable por dedicarme a mí misma, o incluso por irme a trabajar… (ésto es algo en lo que estoy trabajando activamente).

el tiempo ilimitado para mi pareja, encontrar esos momentos exclusivos para nosotros no es tarea fácil.

dormir toda la noche seguida del tirón, sin estar en alerta. (creo que ésto es inherente a todas las madres y ya es “de por vida”).

…mi versión de “yo mujer”.

 

No cambiaría por nada en el mundo…

…sus abrazos, sus caricias.

…sus “te quiero mami”.

…su mirada transparente que derrite.

…su ilusión por todas las cosas.

…verla crecer, aprender.

…despertarme con ella a mi lado y remolonear en la cama.

…tener esas ganas por llegar a casa para ver su carita.

…que se me escape una tierna sonrisa cuando escucho su voz y me brillen los ojos cuando hablo de ella.

…desternillarnos de risa juntas…

…mirarla sin que ella se de cuenta, y sentirme inmensamente feliz porque ella esté aquí.

…ese sentimiento de amor tan poderoso que no se puede explicar con palabras, es pura magia.

Me siento orgullosa de lo que he superado para llegar hasta donde me encuentro ahora, solo cambiaría una cosa de este largo camino: no distraer mi atención anticipándome al futuro; eso me hacía sentir ansiedad, incertidumbre, frustración… y me impedía disfrutar de las cosas bonitas que me rodeaban en aquel momento (esas cosas que aparecen al principio de mi lista y que echo de menos), porque estaban ocultas con unas nubes grises. Esas que aún hoy en día, sigo soplando de vez en cuando, para evitar que sigan cubriendo aquello que necesito ver.

No permitas que esas nubes grises empañen tu mirada, llena el pecho y sopla con toda tu fuerza cada vez que las veas asomar en el escenario de tu vida. Es inevitable que lleguen, pero no tienen por qué quedarse aquí.

Si crees que este post puede ayudar a otras personas, puedes compartirlo en las redes sociales.

Gracias por compartir.

Olivia de Prado

 

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“soplando nubes grises”

cielo-5-1559347.jpg

Cuando estamos buscando un hijo, y éste no llega, ponemos todos nuestros sentidos en esa búsqueda, apartando la mirada del resto de las cosas que HOY forman parte de nuestra vida, y perdiendo la perspectiva del momento presente. Yo también lo hice, por eso, mirando atrás y hablando desde la experiencia, quiero dedicarte estas palabras.

No permitas que se te escape el día de hoy, pensando en un futuro que tal vez llegue o tal vez no.

La maternidad es indescriptible, con sus cosas buenas, y las no tan buenas.

¿Por qué no hablar abiertamente de todo ello?, ¿por qué no expresar lo que verdaderamente siento y pienso?, que no sea por miedo a las críticas. Hace tiempo que dejó de importarme lo que los demás opinasen de mí, y he hecho un gran descubrimiento, es muy sanador no vivir en un juicio constante, hacia los demás y por parte de los demás.

Soy persona, soy mujer y también soy madre, una cosa no excluye a la otra.

De vez en cuando escucho a todo volumen la canción de Alaska “¿A quién le importa lo que yo haga?” ( muy de mi época), y la canto y la bailo a lo loco por el salón de mi casa, en esos momentos que son solo míos y que, aunque sean pocos, saben a gloria bendita. Esos ratitos que ahora son los menos, los tengo que potenciar, como el limón hace con el sabor de algunos alimentos.

Por eso quiero decirte, compañera de viaje, que ahora que dispones de esos instantes únicos e irrepetibles, tan envidiados por mí, los exprimas al máximo potenciando todo su sabor, hazlos verdaderamente tuyos.

Cuanto echo de menos…

…tener mis ratos para mí sola, para hacer mis cosas o incluso para no hacer nada… ahora son cada vez más escasos.

…el silencio absoluto. Ese silencio que me llena de energía. Ahora tengo que hacer verdaderos esfuerzos para encontrarlo, pero a veces lo consigo.

…una larga ducha, sin tener la oreja pegada a la mampara, por si está pasando algo por ahí fuera.

no tener prisa por llegar a casa, esa calma sin “horarios”, sin “rutinas”, sin “obligaciones” .

no sentirme culpable por dedicarme a mí misma, o incluso por irme a trabajar… (ésto es algo en lo que estoy trabajando activamente).

el tiempo ilimitado para mi pareja, encontrar esos momentos exclusivos para nosotros no es tarea fácil.

dormir toda la noche seguida del tirón, sin estar en alerta. (creo que ésto es inherente a todas las madres y ya es “de por vida”).

…mi versión de “yo mujer”.

 

No cambiaría por nada en el mundo…

…sus abrazos, sus caricias.

…sus “te quiero mami”.

…su mirada transparente que derrite.

…su ilusión por todas las cosas.

…verla crecer, aprender.

…despertarme con ella a mi lado y remolonear en la cama.

…tener esas ganas por llegar a casa para ver su carita.

…que se me escape una tierna sonrisa cuando escucho su voz y me brillen los ojos cuando hablo de ella.

…desternillarnos de risa juntas…

…mirarla sin que ella se de cuenta, y sentirme inmensamente feliz porque ella esté aquí.

…ese sentimiento de amor tan poderoso que no se puede explicar con palabras, es pura magia.

Me siento orgullosa de lo que he superado para llegar hasta donde me encuentro ahora, solo cambiaría una cosa de este largo camino: no distraer mi atención anticipándome al futuro; eso me hacía sentir ansiedad, incertidumbre, frustración… y me impedía disfrutar de las cosas bonitas que me rodeaban en aquel momento (esas cosas que aparecen al principio de mi lista y que echo de menos), porque estaban ocultas con unas nubes grises. Esas que aún hoy en día, sigo soplando de vez en cuando, para evitar que sigan cubriendo aquello que necesito ver.

No permitas que esas nubes grises empañen tu mirada, llena el pecho y sopla con toda tu fuerza cada vez que las veas asomar en el escenario de tu vida. Es inevitable que lleguen, pero no tienen por qué quedarse aquí.

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Olivia de Prado

 

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